Taller de apoyo psicológico para mujeres en el campamento Al-Durra
Número de participantes: 20 mujeres
Lugar: Campamento Al-Durra, al oeste de Deir al-Balah, zona central
Grupo destinatario: Madres desplazadas y mujeres cuyos hijos e hijas se preparan para los exámenes del Certificado General de Educación Secundaria
En los campamentos de desplazados, las madres no comienzan el dÃa de una manera habitual. Cada mañana trae nuevas preguntas sobre la comida, el agua, la seguridad y el futuro de sus hijas e hijos. Entre una tienda de campaña abarrotada que no ofrece privacidad y el incesante ruido de la guerra, las mujeres intentan mantener unidas a sus familias y ocultar sus propios temores para que su ansiedad no se transmita a estas.
La carga se vuelve aún más pesada para las madres cuyos hijos e hijas se preparan para los exámenes del Certificado General de Educación Secundaria. La tienda de campaña, que se ha convertido en un lugar para dormir, cocinar y recibir a familiares, también ha pasado a ser una sala de estudio, pese a la falta de tranquilidad, electricidad, mobiliario y materiales educativos adecuados. Aun asÃ, las madres siguen animando a sus hijos e hijas, intentando proteger sus sueños de los efectos de la guerra y el desplazamiento.
En este contexto, POD (Asociación para la Participación, Oportunidad y Desarrollo) nosotrxs, UNADIKUM y la la UJFP (Unión JudÃa Francesa por la Paz) a través de su Unidad de Trabajo de Campo, organizamos la sesión titulada «Una sonrisa desde el corazón del desplazamiento: la determinación de abrazar la alegrÃa y la esperanza», como parte de sus intervenciones destinadas a fortalecer la resiliencia psicológica y comunitaria y apoyar a las mujeres y familias desplazadas para afrontar las presiones de la vida cotidiana.
El campamento Al-Durra, situado al oeste de Deir al-Balah, acogió la sesión con la participación de 20 mujeres desplazadas y madres cuyos hijos e hijas se preparan para los exámenes del Certificado General de Educación Secundaria. La sesión no fue simplemente un encuentro de sensibilización, sino un espacio humano en el que las participantes intentaron recuperar una parte de la alegrÃa que llevaba mucho tiempo ausente de sus vidas.
El encuentro comenzó con un diálogo abierto sobre la situación de los estudiantes dentro del campamento y las dificultades que enfrentan para estudiar. Las madres hablaron sobre el hacinamiento en las tiendas, la falta de iluminación, el ruido constante, el miedo a los bombardeos y la imposibilidad de proporcionar libros y material escolar. También expresaron su sentimiento de impotencia al ver a sus hijos intentar estudiar en condiciones que sobrepasan cualquier capacidad de resistencia.
A medida que avanzó la conversación, las participantes comprendieron que compartÃan los mismos miedos y experiencias, y que cada madre guardaba una historia similar tras las paredes de su tienda. Este diálogo contribuyó a crear un sentimiento de cercanÃa y solidaridad, animando a las mujeres a expresar sus emociones sin miedo ni vergüenza.
La sesión incluyó diversas actividades participativas que combinaron la liberación emocional con la creación de momentos de alegrÃa. Las mujeres participaron en un ejercicio para expresar sus temores sobre el futuro de sus hijos y, posteriormente, trabajaron en transformar esos miedos en mensajes positivos que pudieran compartir con los estudiantes durante el periodo de exámenes.
La facilitadora también presentó métodos sencillos para ofrecer apoyo psicológico a los hijos. Entre ellos se encontraban escucharles sin reprenderles, evitar comparaciones con el rendimiento académico de otros estudiantes y no recordarles constantemente las difÃciles circunstancias que viven o la importancia de los resultados de los exámenes. Asimismo, se destacó la importancia de utilizar palabras de ánimo y tranquilidad, permitirles breves periodos de descanso y organizar, en la medida de lo posible, un espacio de estudio dentro de la tienda.
En otra actividad, las madres intercambiaron ideas prácticas para crear un entorno más tranquilo para el estudio, como acordar con las familias vecinas determinados horarios de silencio, compartir equipos de iluminación y material escolar, y habilitar espacios comunitarios donde los estudiantes pudieran repasar sus lecciones.
La actividad de celebración tuvo un impacto evidente en el ambiente del encuentro. Cada madre escribió un mensaje de orgullo y aliento para su hijo o hija, expresando su reconocimiento por el esfuerzo que realizan para continuar con su educación a pesar del desplazamiento. Los mensajes no se centraban tanto en las calificaciones o los resultados como en el valor y la determinación de los estudiantes para proteger sus sueños.
Poco a poco, la sesión dejó de ser un espacio dominado por la ansiedad para convertirse en un lugar lleno de esperanza. Las mujeres intercambiaron sonrisas y palabras de apoyo, recuperando una sensación que habÃan perdido desde el inicio de la guerra: la certeza de que la alegrÃa no siempre requiere circunstancias ideales, sino que puede nacer de un pequeño gesto, una palabra sincera o un instante de orgullo dentro de una tienda de campaña.
Una de las participantes describió su experiencia con estas palabras:
«Pensábamos que la guerra habÃa destruido toda posibilidad de alegrÃa y que nuestros hijos habÃan perdido su futuro. Sin embargo, durante la sesión comprendimos que el hecho de que sigan estudiando dentro de la tienda ya es una verdadera victoria. Aprendimos a acompañarlos y apoyarlos sin aumentar su miedo ni su estrés.»
Otra participante añadió:
«La alegrÃa que nace en el corazón de una tienda tiene un significado diferente porque representa la vida que nos empeñamos en seguir viviendo. Hoy me voy con una gran esperanza. Me siento más capaz de afrontar mi propio miedo y el de mis hijos, y de crear un momento de orgullo con los recursos más sencillos que tenemos a nuestro alcance.»
La sesión contribuyó a reforzar en las madres la sensación de que no estaban solas para afrontar esta etapa. También les permitió adquirir formas más serenas y positivas de manejar la ansiedad de sus hijas e hijos. Entre las participantes surgió un espÃritu de solidaridad, reflejado en su disposición a compartir material educativo, apoyar a los estudiantes y colaborar para crear condiciones más adecuadas para el estudio dentro del campamento.
Al finalizar del encuentro, las circunstancias que rodeaban a las participantes no habÃan cambiado. Las tiendas seguÃan siendo pequeñas y abarrotadas, y los desafÃos continuaban presentes. Sin embargo, algo importante habÃa cambiado en el interior de las mujeres. Se marcharon con una mayor confianza en su capacidad para proteger la esperanza y con una comprensión más profunda de que apoyar a sus hijos no requiere grandes recursos, sino compasión, palabras de aliento y un sentimiento de orgullo.
La sesión reafirmó que el éxito de las y los estudiantes del Certificado General de Educación Secundaria en condiciones de desplazamiento no debe medirse únicamente por sus resultados académicos, sino también por su capacidad para mantenerse comprometidos con la educación en medio del miedo y las privaciones. Asimismo, demostró que las madres, a pesar de las cargas que soportan, siguen siendo capaces de transformar la tienda de campaña de un espacio de presión y ansiedad en un lugar de aliento, resiliencia y determinación para seguir viviendo.
