En tierras agotadas por las crisis, y en medio de campos que llevan en su memoria largas temporadas de entrega y cosecha, los agricultores de la Franja de Gaza continúan su lucha por la supervivencia con recursos limitados y una determinación inquebrantable.
En un momento en que todos los sectores económicos se enfrentan a una presión sin precedentes, el sector agrícola sigue siendo una de las últimas líneas de defensa de la resiliencia y la producción. También sirve como un escudo que protege a la sociedad del empeoramiento de la pobreza, la privación y la inseguridad alimentaria.
Los acontecimientos que la Franja de Gaza ha experimentado en los últimos tiempos han creado una realidad económica extremadamente compleja, afectando directamente a la vida de las personas y a su capacidad para asegurar fuentes estables de ingresos. Las oportunidades de empleo han disminuido en diversos sectores productivos y de servicios, mientras que grandes extensiones de tierras agrícolas han sufrido pérdidas significativas, obligando a miles de familias a afrontar dificultades diarias para satisfacer sus necesidades básicas.
En este difícil contexto, la agricultura ya no es simplemente una profesión o una actividad económica tradicional; más bien, se ha convertido en una elección estratégica para la supervivencia. Para el agricultor palestino, la tierra representa más que una simple fuente de ingresos. Representa identidad y una profunda conexión con el lugar, y encarna la capacidad de los seres humanos para hacer frente a las crisis y transformar los desafíos en nuevas oportunidades de vida y producción.
Ante las continuas presiones que afectan al sector agrícola, ha surgido la necesidad de iniciativas prácticas que permitan a los agricultores recuperar parte de su capacidad para trabajar y producir. Las tierras agrícolas, que anteriormente constituían la columna vertebral de la producción local, han sufrido graves pérdidas, mientras que los recursos disponibles se han vuelto limitados en comparación con la creciente magnitud de las necesidades. Esto ha obligado a los agricultores a buscar nuevas soluciones para continuar con sus actividades a pesar de las dificultades.
En la Gobernación de Deir al-Balah, considerada una de las principales zonas agrícolas de la Franja de Gaza, los agricultores se han encontrado ante complejos desafíos que les han obligado a reorganizar sus prioridades y métodos de trabajo. La pérdida de grandes extensiones de tierras agrícolas productivas ha provocado una disminución de la capacidad productiva y ha privado a muchas familias de su principal fuente de ingresos.
No obstante, los agricultores no se han rendido ante esta nueva realidad. En su lugar, han desarrollado formas de cooperación colectiva que les han permitido continuar. Grupos de agricultores que perdieron sus tierras como resultado de su clasificación como “zonas amarillas” comenzaron a cooperar con propietarios de tierras disponibles en las zonas occidentales, compartiendo los costes y los beneficios de la producción y trabajando juntos en campos e invernaderos.
Este modelo de cooperación agrícola refleja el espíritu de solidaridad comunitaria que durante mucho tiempo ha sido uno de los pilares de la resiliencia palestina. Cuando las opciones se vuelven limitadas, el trabajo colectivo se convierte en una herramienta eficaz para hacer frente a las crisis, y la asociación se convierte en un medio para preservar los medios de vida y garantizar la continuidad de la producción.
Sin embargo, los desafíos no se han limitado a la pérdida de tierras. Los agricultores también han tenido que hacer frente a aumentos significativos en los precios de las plántulas, los fertilizantes, los pesticidas y diversos insumos agrícolas, además de dificultades para acceder a algunos de los materiales básicos necesarios para la agricultura. La disminución del poder adquisitivo y la ausencia de alternativas económicas han incrementado aún más las cargas que recaen sobre quienes trabajan en este sector vital.
En estas circunstancias, cada nueva plántula representa una oportunidad de trabajo y producción, y cada parcela de tierra cultivada alberga una esperanza adicional para un agricultor que busca preservar sus medios de vida, mientras que cada proyecto que apoya la agricultura representa una inversión directa en la capacidad de la comunidad para resistir y recuperarse.
Desde esta perspectiva, UJFP, en asociación con Unadikum, ha continuado sus esfuerzos para apoyar al sector agrícola, considerado uno de los sectores más capaces de proporcionar oportunidades de empleo, fortalecer la seguridad alimentaria y apoyar la estabilidad económica de las familias afectadas. Basándose en su compromiso de empoderar a los agricultores y fortalecer sus capacidades productivas, ambas organizaciones han implementado una serie de iniciativas destinadas a apoyar a las comunidades agrícolas de la zona de Deir al-Balah.
Durante el período reciente, nuestros equipos recibieron varias solicitudes de agricultores que afrontaban importantes dificultades para reanudar sus actividades agrícolas. Como resultado, equipos especializados llevaron a cabo amplias visitas de campo para evaluar las necesidades reales, verificar las circunstancias de los agricultores e identificar las prioridades de intervención.
Los resultados de esta evaluación revelaron una necesidad urgente de miles de plántulas agrícolas para permitir a los agricultores hacer uso de las tierras disponibles durante la temporada actual. Las visitas de campo también revelaron un problema fundamental relacionado con la fuente de agua utilizada para el riego, ya que la bomba principal de agua de la que depende un gran número de agricultores necesitaba urgentemente reparación y rehabilitación.
Después de revisar todos los datos recopilados, decidimos implementar una iniciativa integrada que combinara el apoyo a la producción agrícola con la mejora de la infraestructura básica necesaria para su continuidad. El éxito de cualquier proyecto agrícola depende no solo de la disponibilidad de tierras y plántulas, sino que también requiere un sistema integrado que garantice el suministro de agua y la regularidad de las operaciones de riego.
Como parte de esta iniciativa, UJFP, en asociación con Unadikum, distribuyó cinco mil plántulas agrícolas a dos agricultores de la zona de Deir al-Balah, con el objetivo de ayudarles a hacer uso de sus tierras y aumentar su capacidad productiva durante la temporada actual. Este apoyo representó un paso importante hacia la revitalización de la actividad agrícola y permitió a los beneficiarios recuperar parte de su capacidad económica.
Este paso es particularmente importante a la luz del significativo aumento de los precios de los insumos agrícolas, ya que la compra de plántulas se ha convertido en una carga financiera que supera la capacidad de muchos agricultores. Por lo tanto, esta asistencia ayudó a aliviar parte de estas cargas y proporcionó una oportunidad real para comenzar una nueva temporada agrícola.
La iniciativa también incluyó la reparación de una bomba de agua principal que presta servicio a un gran número de agricultores de la zona y proporciona agua de riego a tierras agrícolas y a varios invernaderos. Esta intervención contribuyó a restaurar una de las infraestructuras agrícolas compartidas más importantes de las que dependen los agricultores a diario.
La importancia de reparar esta bomba reside en el hecho de que constituye un vínculo crítico en la cadena de producción agrícola. El agua es el elemento más esencial en cualquier actividad agrícola; su interrupción significa una paralización de la producción, poniendo en riesgo los cultivos y pudiendo provocar el desperdicio de los esfuerzos y las inversiones de los agricultores.
La rehabilitación de la bomba tuvo un impacto directo en la capacidad de los agricultores para gestionar sus tierras. Ahora pueden acceder al agua de una manera más estable y regular, lo que contribuye a mejorar la calidad de los cultivos y aumentar la productividad agrícola.
La importancia de esta iniciativa no se limita al sector agrícola, sino que se extiende a dimensiones económicas y sociales más amplias. Cada oportunidad de empleo preservada en el sector agrícola significa proteger a una familia del riesgo de caer en la pobreza, y cada dunum cultivado contribuye a fortalecer la producción local y reducir la dependencia de los mercados externos.
La continuidad de la actividad agrícola también contribuye a lograr la estabilidad social y a fortalecer la capacidad de las familias para hacer frente a las dificultades económicas. La agricultura no es simplemente una fuente de ingresos; es un componente fundamental del sistema de resiliencia económica y social en la Franja de Gaza.
Esta iniciativa demuestra que la inversión en agricultura es una de las formas de apoyo más sostenibles y eficaces, porque permite a los agricultores producir alimentos y generar unos ingresos continuos en lugar de depender únicamente de una asistencia temporal. También contribuye a fortalecer las capacidades de las comunidades locales y desarrollar su capacidad para ser más autosuficientes.
A través de esta intervención, reafirmamos nuestro compromiso de apoyar a los agricultores y estar a su lado para hacer frente a los crecientes desafíos que afrontan. La organización no considera la agricultura simplemente como un sector económico, sino más bien como un pilar fundamental de la resiliencia, el desarrollo y la estabilidad.
Los agricultores de Deir al-Balah han demostrado una vez más que la determinación puede superar los obstáculos, y que la tierra sigue siendo capaz de dar vida cuando hay quienes la cuidan y creen en su capacidad para producir. En medio de las nuevas plántulas que han comenzado a crecer, y del agua que ha vuelto a regar los campos y los invernaderos, hoy se está escribiendo una nueva historia de resiliencia, trabajo y producción.
Aunque los desafíos siguen siendo importantes, iniciativas como esta demuestran que apoyar a los agricultores es una inversión en el futuro, y que permitirles continuar con sus actividades constituye un paso esencial hacia el fortalecimiento de la seguridad alimentaria, el mantenimiento de la estabilidad social y el apoyo a la capacidad de la comunidad para hacer frente a las crisis.
Así, la tierra de Deir al-Balah continúa su camino con agricultores que se niegan a abandonarla, mientras las iniciativas agrícolas continúan creando nuevos espacios de esperanza. La agricultura sigue siendo un símbolo de producción y resiliencia, y un puente que conecta un presente difícil con un futuro más capaz de vida, estabilidad y prosperidad.




