“El calor de las tiendas: adaptación al clima cálido y afrontamiento de las enfermedades ambientales en un contexto de desplazamiento”
En medio de la prolongada guerra que ha azotado la Franja de Gaza, el sufrimiento de la población ya no se limita a los bombardeos, la destrucción y la pérdida de hogares y seres queridos. Se ha extendido a los detalles de la vida cotidiana dentro de los campamentos de desplazados, que se han convertido en el último refugio para cientos de miles de familias. Con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas hasta niveles récord, han surgido nuevos desafíos que afectan la vida de las personas desplazadas, especialmente de las mujeres, quienes soportan la mayor carga de gestionar los asuntos del hogar y cuidar de los niños y las personas mayores en un entorno que carece de los requisitos más básicos para una vida digna.
En la zona central de la Franja de Gaza, concretamente en el campamento Al-Durra, al oeste de Deir al-Balah, cientos de familias viven en tiendas de campaña construidas apresuradamente con telas, nailon y materiales de madera sencillos. Estas tiendas, que ofrecían un refugio temporal a las personas desplazadas, se han convertido en espacios sofocantes debido al aumento de las temperaturas, proporcionando poca protección frente al calor extremo o la alta humedad. Como resultado, han surgido numerosos problemas de salud y ambientales que amenazan diariamente la vida de los residentes.
Como parte de sus esfuerzos continuos para apoyar a las mujeres desplazadas y fortalecer su resiliencia psicológica y social, los equipos de UJFP, en cooperación con POD, organizaron un taller de apoyo psicosocial y sensibilización el 8 de junio de 2026, dirigido a veinte mujeres desplazadas que viven en el campamento Al-Durra. El taller se celebró bajo el título: “El calor de las tiendas: adaptación al clima cálido y afrontamiento de las enfermedades ambientales en un contexto de desplazamiento”.
El taller se organizó en respuesta a las crecientes necesidades que experimentan las mujeres en los campamentos de desplazados durante la temporada de verano. Su objetivo fue proporcionar un espacio seguro para el diálogo, la expresión emocional y el intercambio de experiencias de vida, además de concienciar sobre los riesgos para la salud asociados a las altas temperaturas dentro de las tiendas de campaña.
La sesión comenzó con unas palabras de bienvenida por parte de las facilitadoras, quienes destacaron la importancia de ofrecer espacios de apoyo psicosocial para las mujeres ante las presiones acumuladas por la guerra y el desplazamiento. Señalaron que las mujeres se enfrentan actualmente a múltiples desafíos, entre ellos proteger a sus familias, asegurar sus necesidades básicas y hacer frente a las duras condiciones ambientales que las rodean.
Las participantes comenzaron presentándose y compartiendo sus experiencias diarias con el calor del verano dentro de las tiendas. La sesión evolucionó rápidamente hacia un diálogo abierto que reflejó la magnitud del sufrimiento compartido entre las mujeres.
Una participante habló sobre las horas del mediodía, cuando la tienda se convierte en un horno cerrado en el que resulta imposible permanecer durante largos periodos. Explicó que sus hijos sufren constantemente erupciones e irritaciones cutáneas causadas por la sudoración excesiva y la escasez de agua. Otra participante añadió que su mayor preocupación es el impacto del calor sobre los bebés, quienes pierden líquidos rápidamente y se vuelven vulnerables a la deshidratación y al agotamiento por calor. Una mujer señaló que los cortes de electricidad y la ausencia de métodos de refrigeración convierten tanto el día como la noche en una lucha continua, ya que los miembros de la familia tienen dificultades para dormir debido a las altas temperaturas y la humedad sofocante.
Durante el debate, las mujeres hablaron sobre la propagación de enfermedades cutáneas entre los niñxs, destacando que la escasez de agua limpia y de productos de higiene personal agrava aún más el problema. Las participantes también debatieron sobre la proliferación de insectos, moscas y mosquitos en todo el campamento, así como sobre las molestias diarias y los crecientes riesgos para la salud que representan. Algunas mujeres expresaron su preocupación por la contaminación del agua y el deterioro de los alimentos causado por las altas temperaturas. Otras explicaron que muchas familias se ven obligadas a consumir rápidamente los alimentos por temor a que se estropeen debido a la falta de instalaciones de refrigeración.
A medida que avanzaba el diálogo, las participantes intercambiaron numerosas experiencias y soluciones sencillas que habían desarrollado para afrontar las difíciles condiciones climáticas. Una participante explicó que utiliza paños húmedos colgados en las entradas de la tienda para ayudar a reducir la temperatura interior. Otra habló sobre el uso de recipientes con agua fría y de humedecer el suelo alrededor de la tienda para disminuir la sensación de calor. Algunas mujeres también compartieron sus experiencias organizando los horarios de cocina para evitar encender fuego durante las horas más calurosas del día. Las participantes intercambiaron consejos sobre cómo conservar el limitado suministro de agua disponible y utilizarlo de manera que garantice las necesidades esenciales de la familia.
Las mujeres destacaron el valor de compartir estas experiencias, que les ayudan a adaptarse a la realidad que les ha sido impuesta.
Una parte importante de la sesión se centró en los primeros auxilios relacionados con el agotamiento por calor y el golpe de calor. Las facilitadoras explicaron los signos tempranos del agotamiento por calor, entre ellos mareos, dolores de cabeza, sudoración excesiva y sensación de fatiga. También aclararon los procedimientos que deben seguirse cuando aparecen estos síntomas. Las participantes aprendieron cómo enfriar el cuerpo mediante compresas frías. Asimismo, se debatió la importancia de ingerir líquidos de forma regular. Se hizo especial hincapié en la necesidad de vigilar de cerca a niñxs y personas mayores durante los períodos de calor extremo.
El taller también incluyó un debate en profundidad sobre los efectos psicológicos de vivir en un entorno duro y superpoblado. Las mujeres hablaron sobre los constantes sentimientos de ansiedad y estrés que las acompañan. Algunas participantes señalaron que el calor extremo aumenta la presión psicológica y la tensión emocional dentro de la familia. Otras destacaron que la acumulación de desafíos diarios afecta negativamente al bienestar emocional tanto de las madres como de los niños.
Como parte del componente de apoyo psicosocial, las facilitadoras llevaron a cabo una serie de actividades interactivas destinadas a reducir el estrés y fortalecer la sensación de seguridad psicológica de las participantes. Las mujeres participaron en una actividad de debate en círculo. Cada participante tuvo la oportunidad de expresar sus sentimientos y experiencias personales.
También se realizó un ejercicio grupal centrado en compartir las fuentes de fortaleza y resiliencia en las que las mujeres se apoyan para afrontar las crisis. Las participantes hablaron sobre la importancia de la familia, la solidaridad comunitaria, la fe y la esperanza como factores que las ayudan a seguir adelante a pesar de las dificultades.
Asimismo, se implementó una actividad psicosocial sencilla basada en la expresión verbal de las emociones. La actividad ayudó a las mujeres a liberar parte del estrés y las emociones acumuladas.
La sesión incluyó momentos conmovedores en los que las participantes compartieron historias de resiliencia y perseverancia. Algunas mujeres hablaron de la pérdida de sus hogares y seres queridos. Otras relataron experiencias de desplazamientos repetidos y traslados de un lugar a otro en busca de seguridad.
A pesar de la dureza de estas experiencias, se hizo evidente un fuerte espíritu de solidaridad entre las mujeres. Las participantes subrayaron que las reuniones grupales les permiten sentir que no están solas frente a las dificultades.
El programa también incluyó un segmento recreativo diseñado para crear un ambiente positivo durante la sesión. Las mujeres participaron en juegos grupales ligeros. También se llevó a cabo una actividad basada en el intercambio de mensajes positivos entre las participantes.
Las mujeres expresaron su satisfacción con esta parte del programa, que les brindó la oportunidad de sonreír y escapar temporalmente de las presiones de la vida cotidiana. Muchas participantes destacaron que el taller no fue simplemente una sesión de sensibilización sanitaria. Más bien, constituyó un espacio humano de comunicación y apoyo mutuo. Las participantes señalaron que el simple hecho de hablar sobre los problemas compartidos ayudó a reducir los sentimientos de aislamiento.
La sesión también fortaleció su sentido de pertenencia dentro de la comunidad del campamento. Al concluir el taller, se resumieron los principales desafíos sanitarios y ambientales planteados por las participantes.
También se documentaron las observaciones y necesidades expresadas durante los debates. Los equipos de UJFP reafirmaron su compromiso de continuar organizando este tipo de actividades que combinan sensibilización y apoyo psicosocial. Los equipos de campo destacaron la importancia de escuchar a las mujeres e involucrarlas en la identificación de prioridades para las intervenciones humanitarias.
Este taller demostró que el apoyo psicosocial no es menos importante que otras formas de asistencia humanitaria.
Las mujeres que viven bajo las presiones de la guerra y el desplazamiento necesitan espacios seguros donde puedan expresar sus sentimientos y preocupaciones. El intercambio de experiencias y conocimientos también contribuye a fortalecer su capacidad para afrontar los desafíos cotidianos. La experiencia confirma que los talleres comunitarios de apoyo psicosocial desempeñan un papel central en el fortalecimiento de la resiliencia tanto individual como colectiva.
Durante la fase de posguerra, estas actividades adquirirán aún mayor importancia. Contribuirán a abordar los efectos psicológicos acumulados que han dejado años de guerra y desplazamiento. También ayudarán a las mujeres a recuperar la confianza en sí mismas y reconstruir redes de apoyo social. Además, fortalecerán la capacidad de las mujeres para participar activamente en el proceso de recuperación comunitaria. Proporcionan un espacio para redescubrir la esperanza y mirar hacia el futuro.
A través de estos esfuerzos continuos, los equipos de UJFP siguen desempeñando su labor humanitaria junto a las mujeres desplazadas, no solo atendiendo necesidades urgentes, sino también apoyando el bienestar psicosocial, fortaleciendo la resiliencia y la capacidad de adaptación, y construyendo puentes de esperanza durante uno de los períodos más difíciles vividos por la sociedad palestina en la Franja de Gaza.




