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En el campamento de Shurrab, en la zona de Deir al-Balah, en el centro de la Franja de Gaza, las familias desplazadas viven una dura realidad en la que las escenas de destrucción se entremezclan con los detalles de la vida cotidiana.

Montones de escombros de viviendas destruidas rodean el campamento, mientras las aguas residuales se acumulan entre las tiendas y en los pasillos circundantes, sumando constantes preocupaciones sanitarias y medioambientales al sufrimiento de sus habitantes.

En estas circunstancias, las mujeres asumen responsabilidades redobladas, que comienzan con el cuidado de los niñas y niños, y la satisfacción de sus necesidades básicas, y se extienden a los esfuerzos por mantener limpias las tiendas y proteger a sus familias de los peligros que las rodean. Entre la gestión de las tareas cotidianas y el temor a lo que puedan traer los próximos días, disminuyen las oportunidades de descansar y cuidarse, hasta que las necesidades psicológicas de las mujeres pasan a ser lo último en lo que piensan.

Las mujeres de los campamentos de desplazados no solo afrontan las dificultades derivadas de la pérdida de sus hogares y de la estabilidad, sino que también viven bajo el peso de crecientes responsabilidades familiares, en un entorno que carece de privacidad y de servicios básicos. A menudo, las mujeres se ven obligadas a mantenerse firmes ante sus hijos e hijas, y a ocultar sus sentimientos de miedo y agotamiento, pese a necesitar ellas mismas apoyo y acompañamiento.

En un intento de ofrecer un espacio diferente al de este entorno, los equipos de Unadikum llevaron a cabo un taller de apoyo psicológico y social titulado «Bienestar psicológico y autocuidado», con la participación de 20 mujeres desplazadas del campamento de Shurrab. Su objetivo fue promover la conciencia sobre la importancia de la salud mental y animar a las participantes a cuidarse en medio de las presiones cotidianas impuestas por la situación de emergencia.

La sesión comenzó con las presentaciones entre el equipo y las participantes, mediante un diálogo sencillo que permitió a cada mujer presentarse e interactuar con las demás asistentes. El objetivo de este inicio fue crear un ambiente de comodidad y confianza, y animar a las mujeres a superar las barreras que pudieran impedirles expresar sus sentimientos ante otras personas.

A continuación, el facilitador abordó los conceptos de bienestar psicológico y autocuidado, explicando que el bienestar psicológico no significa la ausencia de problemas ni sentirse feliz todo el tiempo, sino que está relacionado con la capacidad de comprender las propias emociones, afrontar las presiones y mantener, en la medida de lo posible, el equilibrio psicológico a pesar de las dificultades.

La explicación también abordó el concepto de autocuidado y la importancia de que las mujeres dediquen parte de su atención a sí mismas, sin descuidar sus necesidades físicas y psicológicas bajo la presión de las responsabilidades familiares. Se hizo hincapié en prácticas sencillas que pueden resultar útiles en un contexto de desplazamiento, como tomar breves períodos de descanso, expresar los sentimientos, mantener el contacto con personas cercanas y realizar actividades que ayuden a aliviar la tensión.

Para convertir estos conceptos en una experiencia práctica, el taller incluyó una serie de actividades interactivas que combinaron el entretenimiento con la expresión de las emociones.

Entre ellas figuró una actividad titulada «¿Cómo me siento hoy?», que consistía en que cada participante eligiera un color que representara su estado emocional, ofreciéndole después la oportunidad de explicar el motivo de su elección si así lo deseaba.

La actividad abrió un espacio para que las mujeres reflexionaran sobre sentimientos a los que quizá no encuentran tiempo para prestar atención durante sus ajetreadas jornadas. También les permitió reconocer que la ansiedad, el agotamiento y el miedo son emociones compartidas por muchas mujeres que viven circunstancias similares.

Al pasar al espacio de diálogo, surgieron los desafíos relacionados con la realidad de la vida en el campamento, especialmente las difíciles condiciones medioambientales provocadas por la acumulación y la propagación de aguas residuales cerca de los lugares de alojamiento.

La preocupación por la salud y la seguridad de los niños fue uno de los principales temas abordados durante el debate, particularmente ante la presencia de aguas contaminadas y de los escombros que rodean el campamento, así como las limitaciones que este entorno impone al movimiento y al juego de los niños.

Los temas planteados también incluyeron las cargas cotidianas que soportan las madres, las dificultades para satisfacer las necesidades de las familias y la falta de privacidad dentro de las tiendas, además del insomnio, el temor a que el desplazamiento continúe y la incertidumbre sobre el futuro.

En medio de la conversación sobre estas responsabilidades, la sesión planteó una pregunta importante: ¿Cuándo fue la última vez que cada participante se dedicó un tiempo a sí misma, al margen de las tareas domésticas y las necesidades de sus hijas e hijos?

La finalidad de la pregunta no era pedir a las mujeres que añadieran una nueva responsabilidad a sus jornadas, sino ayudarlas a reconocer que su necesidad de descansar merece atención y que cuidar de la familia es compatible con atender su propia salud mental y física.

Después, las participantes pasaron a la actividad «Un momento de calma», basada en practicar una respiración tranquila y concentrarse en la inhalación y la exhalación, para ayudar a aliviar la tensión y devolver la atención al momento presente.

La actividad ofreció una herramienta sencilla que las mujeres pueden probar en momentos de ansiedad, sin necesidad de materiales ni recursos especiales. También les brindó una breve oportunidad de apartarse mentalmente de las preocupaciones sucesivas que llenan sus días.

El taller incluyó, además, una actividad titulada «Un regalo para mí», durante la cual se pidió a las participantes que pensaran en algo sencillo que desearan regalarse a sí mismas, sin que tuviera que ser necesariamente algo material. Podía ser un tiempo de descanso, un encuentro con una amiga o la realización de una actividad que disfrutaban y que habían echado de menos durante el desplazamiento.

La idea de esta actividad transmitió un mensaje fundamental: el autocuidado no depende de disponer de dinero ni de contar con unas condiciones de vida ideales, sino que, en ocasiones, comienza por prestar atención a las necesidades personales y dejar de ignorarlas constantemente.

Para aportar mayor dinamismo a la sesión, se incorporaron actividades recreativas grupales basadas en el movimiento, la interacción y la participación, con el objetivo de romper la monotonía de la vida cotidiana y ofrecer una oportunidad para reír y fortalecer la comunicación entre las mujeres.

La importancia de estas actividades radica en que brindan a las participantes una pausa en las conversaciones relacionadas con el desplazamiento y las necesidades humanitarias, y les permiten relacionarse al margen de los roles y las responsabilidades que la realidad les impone.

En un entorno donde faltan espacios dedicados al esparcimiento, las actividades grupales adquieren un valor especial, no porque pongan fin al sufrimiento, sino porque ofrecen a las mujeres la oportunidad de recuperar una parte de su vida social, afectada por la guerra y los constantes traslados.

Al acercarse el final de la sesión, el facilitador volvió a destacar la importancia del autocuidado y animó a las participantes a pensar en pequeños pasos realistas que pudieran poner en práctica durante los días siguientes, de acuerdo con sus circunstancias y sus limitados recursos.

También se destacó la importancia del apoyo mutuo entre las mujeres, de crear oportunidades para escucharse unas a otras y de no restar importancia al impacto de las presiones psicológicas acumuladas, especialmente cuando se prolongan durante largos períodos sin disponer de un espacio adecuado para desahogarse.

Este taller pone de relieve una parte de las necesidades que quizá no se perciben con claridad en las escenas del desplazamiento: detrás de cada tienda hay una mujer que intenta gestionar los asuntos de su familia, carga con las preocupaciones por sus hijos y afronta circunstancias que superan su capacidad de control.

Las actividades de apoyo psicológico, por sí solas, no pueden resolver los problemas de las condiciones de vida que afrontan los habitantes del campamento de Shurrab, ni eliminar las aguas residuales y los escombros que rodean sus tiendas. Sin embargo, constituyen una parte importante de la respuesta humanitaria, al ofrecer espacios seguros para expresarse, comunicarse y aprender métodos que ayuden a afrontar la tensión.

Esto pone de manifiesto la importancia de dar continuidad a estos talleres en los campamentos de desplazados, especialmente entre las mujeres que soportan crecientes cargas familiares y psicológicas, así como la necesidad de que las actividades de apoyo psicológico vayan acompañadas de intervenciones para mejorar las condiciones sanitarias, medioambientales y de vida dentro de los campamentos.

A través del taller «Bienestar psicológico y autocuidado», los equipos de Unadikum buscan reforzar la presencia del apoyo psicológico y social en la vida de las mujeres desplazadas y afirmar que la mujer que hace todo lo posible por cuidar de su familia también merece que alguien se preocupe por su bienestar y escuche sus necesidades.

En el campamento de Shurrab, donde los escombros cercan las tiendas y las aguas residuales agravan las dificultades de la vida cotidiana, la seguridad, la dignidad y el descanso psicológico siguen siendo derechos fundamentales. Ofrecer un espacio donde las mujeres puedan hablar de sí mismas, al margen de las exigencias y las presiones de la vida, sigue siendo un paso importante para fortalecer su capacidad de afrontar esta difícil realidad.

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